La enseñanza de las matemáticas parte del uso del material concreto porque permite que el mismo estudiante experimente el concepto desde la estimulación de sus sentidos, logrando llegar a interiorizar los conceptos que se quieren enseñar a partir de la manipulación de los objetos de su entorno. Como bien lo dice Piaget los niños y niñas necesitan aprender a través de experiencias concretas, en concordancia a su estadio de desarrollo cognitivo. La transición hacia estadios formales del pensamiento resulta de la modificación de estructuras mentales que se generan en las interacciones con el mundo físico y social. Es así como la enseñanza de las matemáticas inicia con una etapa exploratoria, la que requiere de la manipulación de material concreto, y sigue con actividades que facilitan el desarrollo conceptual a partir de las experiencias recogidas por los alumnos durante la exploración. A partir de la experiencia concreta, la cual comienza con la observación y el análisis, se continúa con la conceptualización y luego con la generalización.
Lo anterior, lleva a reconocer la importancia
que tiene la enseñanza de las matemáticas a través del uso de instrumentos y
objetos concretos para el estudiante, ya que estos buscan lograr un
aprendizaje significativo dentro de sus estudiantes.
“Enseñar y aprender Matemáticas puede y debe ser una experiencia
feliz.
Curiosamente casi nunca se cita a la felicidad dentro de los objetivos
educativos pero es bastante evidente que sólo podremos hablar de una labor
docente bien hecha cuando todos alcancemos un grado de felicidad
satisfactorio.”
Claudi Alsina
